La vuelta al mundo… Para qué?

Sigo desde hace tiempo a una pareja de españoles que publican periódicamente en su blog Machacasonwheels.blogspot.com  sus aventuras por Sudamérica.

Siento envidia de su valor y me “conformo” con recrear sus aventuras desde su blog.

Será otra de esas casualidades que últimamente me sorprenden, pero hoy encuentro una nueva publicación en el que otra pareja cuenta sus vivencias por el mundo y el coste de dicha aventura, no demasiado cara por cierto. Unos 11.000 € por cabeza.

Su blog se llama algoquerecordar.com

Leerlo  me hace recordar el diálogo final del Replicante de Blade Runner antes de morir.

Y es que, te das cuenta de que no es necesario viajar a los confines del universo para vivir momentos inolvidables o  sentir experiencias inimaginables  en tu vida cotidiana. Que en tu realidad  hay  infinitos mundos lejanos y muy distintos de lo que conocemos.

Pero alguien ha de descubrirlos para despertar tu imaginación. Y quien sabe si algún día, tú te armas de ese mismo valor  para vivir esto en primera persona. Yo quiero dar la vuelta al mundo para esto:

— 3 continentes (Asia, Oceanía y América), 17 países y más de 115 ciudades. – Nos hemos bebido 800 litros de agua y casi 400 cervezas. – Hemos dormido en 68 hostels (14 de ellos dorms), 33 casas de “nuevos amigos”, 6 campings, 1 coche, 1 caravana, 7 estaciones, más de 20 autobuses, 3 aeropuertos, 2 calles y un árbol.

– Hemos cogido 20 vuelos, pasado más de 100 horas en 17 trenes diferentes y 417 horas de carretera en 66 autobuses.

– Hemos sufrido 1 mordisco de perro, 2 constipados “de cajón” y 1 merecida diarrea por desobediencia a la sabiduría popular.

Un total de 99.523 km recorridos en algo más de un año que probablemente ha sido uno de los más intensos de nuestra vida y en el que nos han pasado miles de cosas que recordar (cuando decidimos hacer el viaje queríamos tener “algo que recordar” pero jamás imaginamos que iban a ser tantas cosas…) – Contemplamos el skyline de Beijing (cerveza en mano), desde la azotea de Nastia e Igor, nuestra primera vez como “surfers”.

– Vimos el amanecer de Yangshuo desde la colina de la antena de televisión y nos bañamos en su río a la luz de la Luna.

– Fuimos profesores de inglés en un colegio de China a cambio de alojamiento y comida, fotógrafos en Perú, escritores en Ecuador y vendedores de bebidas en Indonesia.

– Nos colamos en los patios de los colegios de Laos y Tailandia y re-aprendimos a jugar gracias a los niños que nos fuimos cruzando por el camino.

– Conocimos los proyectos de Colabora Birmania en Tailandia, asistimos a la ceremonia de apertura de las fronteras de Myanmar y nos enamoramos del país pero sobre todo, de su gente.

– Practicamos snorkel en Perhentian, surf en Bali, sand board en Ica… Hicimos treking, tirolina, kayak sobre bambú… Montamos en bici, moto, coche, caravana, elefante, teleférico… – Conocimos a personas que nunca habían tocado el dinero, comimos ardilla y nos adentramos en la jungla durante tres días con machete y tirachinas en Chian Mai.

– Disfrutamos de la variada gastronomía malaya… de la increíble comida china, la deliciosa peruana y la copiosa argentina.

– Nos perdimos en la selva, tuvimos que dormir en un árbol y fuimos comidos por las sanguijuelas.

– Nos hicimos nuestro primer tatuaje para tener algo más que recordar.

– Escuchamos la musical llamada al rezo de todas las mezquitas a la vez en Terengganu (Malasia).

– En Indonesia probamos el café más caro del mundo. Sí, ese famoso grano rojo y dulce que una comadreja se come y que luego… en fin… se recoge, se tuesta y se muele (y en algún momento se limpia, digo yo).

– Escalamos el volcán Bromo y bajamos a las minas de azufre de Ijén (Indonesia) en mitad de la noche para ver uno de los dos lagos turquesas de la Tierra, cuya acidez puede disolver la carne humana.

– Estuvimos frente a frente de los orangutanes en Borneo.

– Descubrimos lo que significa la palabra “hospitalidad” para un musulmán en Sampit.

– Nos colamos en un boda en Sumatra y dormimos en una isla que está en el lago del cráter de un volcán.

– Fuimos a un Festival de Cine Independiente en Yangón, visitamos “los pueblos de plástico” en la Golden Rock y nos sentimos rodeados por los templos de Bagan al amanecer.

– Perdimos la noción del tiempo en la playa de Sabang y buceamos de día para darlo todo de noche en El Nido.

– Visitamos Coron, en Filipinas, tres semanas después de que el tifón Haiyan lo arrasara todo y buceamos entre sus barcos hundidos y sus “nemos”.

– En Manila subimos al volcán activo más pequeño del mundo, nos bañamos en las piscinas naturales “hot springs” y fuimos a nuestra primera misa del Gallo para celebrar la navidad filipina con Marcel.

– Viajamos en hard seat en los trenes de China, en el techo de autobuses, en camiones, camionetas y camioncillos… cogimos vuelos locales indonesios de los que no cumplen los estandares de seguridad, montamos en ferry filipino y en buses birmanos.

– En Nueva Zelanda dormimos dos semanas en un coche, hicimos roofing celebrando el fin de año “los primeros del mundo”, subimos “al monte de Mordor” y condujimos sin manos por 99 Mile Beach.

– En Australia tocó dormir en nuestra querida “Dirty Sanchez”, conocimos Melbourne de la mano de Marcos y su familia, probamos el kanguro, conocimos la cara del otro Australian Day en Canberra con los aborígenes y sumergimos los pies en la playa con la arena más blanca del mundo.

– Nos bañamos en una piscina infinita en Singapur… y en un jacuzzi en Guayaquil pero también nos duchamos a cubazos en Indonesia y a manguerazos en Perú.

– Visitamos a los pingüinos, lobos y elefantes de mar en Península Valdés. – Subimos al edificio más alto del mundo en Dubai.

– Nos entregamos a la vida cultural de Buenos Aires… a su helado, su pasta, sus empanadas, su vino y su champán con la mejor compañia posible.

– Caminamos por los Andes, saludamos al Perito Moreno y llegamos al fin del mundo.

– Nos mojamos con el agua de las Cataratas de Iguazú y Gocta.

– En Paraguay disfrutamos de la hospitalidad más grande jamás sentida mientras bebíamos tereré y comíamos sopa, chipa y asado.

– Alucinamos con Uyuni y tocamos el cielo desde La Paz para, al día siguiente, bajar la Carretera de la Muerte en bicicleta.

-Nos cargamos de energía en la Isla del Sol del lago Titicaca.

– En Perú hicimos los 95 km del trekking del Salkantay para llegar a Machu Picchu, nos comimos Lima y vimos el atardecer en el desierto de Ica.

– Llegamos a Cascarilla, donde vivimos con los trabajadores de la cooperativa Sol y Café… uno de esos lugares donde nadie va, porque nadie sabe que existe. – En Ecuador nos dejamos atrapar por sus pueblos, por sus volcanes y sus playas.

Qué envidia!

A.M.Martin

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