2017_04_14_El Pontón de La Oliva-Las Cárcavas. Por cañones, barrancos y sendas.

“De casta le viene al galgo”. O lo que es lo mismo, una buena genética engendra formidables criaturas.  Nuestra “criatura” no podía salir mal, un mix de tracks de dos grandes ciclistas como son Nievesbladerunner y David 3C es una garantía de éxito sin duda ninguna. Gracias por compartir vuestras aventuras.

Hay tanto que contar en esta ruta que no se ni por dónde empezar. Hay tantas horas de vídeo que tendré que dividirlo en dos archivos, porque cada uno de los megas grabados es naturaleza en estado puro y no quiero amputar nada. En el primero de ellos incluiré la ruta más paisajista y el segundo contendrá solamente las preciosas bajadas que nos hemos encontrado….o ganado, porque hay que subir y subir para bajar y bajar.

Al acabar, he vuelto a cometer el error de repetir la misma frase, no puedo evitarlo, “La mejor que hice hasta ahora”, pero también es cierto que la inmediatez de cada ruta supera los recuerdos de las anteriores. En cualquier caso, esta es de las que te dejan una sensación de plenitud al finalizar, mezcla de agotamiento físico, euforia desenfrenada, la boca seca por el polvo y las emociones,  brazos abrasados por el sol y piernas despellejadas por los matorrales. Recuerdos y anécdotas pugnando por ser comentados con tus socios frente a unas merecidas y mil veces visualizadas cervezas frías, muy frías y  grandes y heladas, un sabroso bocata y cientos de diapositivas de lo que dio de si el día, aún descolocadas en tu cabeza. Pasados dos días, voy a tratar de ponerlas en orden.

Hay un aparcamiento al pie del Pontón de la Oliva, donde dejamos nuestros coches. A esas horas de la mañana, solamente hay un par de “furgos camperizadas” de escaladores que han pernoctado en ellas, y a los que posteriormente veremos colgados de las numerosas vías ferratas que penden de las pareces verticales en estos cañones. Digo solamente, porque ese parking a nuestro regreso es un hervidero de coches, senderistas y familias que ocupan cualquier hueco a ambos lados de la carretera. Al que madruga…

La primera foto del día es frente a una casa derribada, no tiene glamour, pero los grafittis de la pared y la hierba fresca de la mañana son del mismo tono que su casco y su bici y…. no pudo resistirse ; )

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Arrancamos hacia la carretera y afrontamos unos metros más adelante la primera rampa del día. Una tontería comparado con lo que nos aguardaba durante toda la jornada. La rampa llega hasta la parte alta de la Presa del Pontón de la Oliva, que nunca entró en servicio por las filtraciones detectadas tras su construcción. Ya hemos encontrado varios ejemplos de este tipo en la Presa del Gasco en Madrid, La presa de Taravilla en el alto Tajo, etc. Sin embargo, como arquitectura es una preciosidad y tiene la paradoja de ser una presa, construida por presos…pero con fugas. El aliviadero por el que corre agua se hizo a posteriori, escavando un nuevo túnel para evitar que se inunde el valle que hay tras ella. Tenía curiosidad por subir a ella y rodar por su pasarela volada, que aún conserva las argollas donde ataban a los presos que la costruyeron.

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A partir de aquí hemos de seguir recto el camino que nos conducirá a lo largo de los meandros del Lozoya. Nosotros, guiados como de costumbre por el ansia del desnivel, tomamos el desvío de derechas y bajamos por el empinado sendero que conduce hasta el borde del cauce del río, a los pies del embalse y además de tener que desandar lo andado, nos encontramos un trecho de quinietos metros, muy cerrado por la maleza con los consiguientes enganchones de ropa y de tramos muy inclinados. Una vez recuperada la senda correcta, he de disculparme ante la creadora del track por dudar de ella. Imperdonable no recorrerla. Es un estrecho camino a media ladera, con el Lozoya siempre a la derecha. Una senda preciosa que se adentra entre cañones verticales para posteriormente abrirse a verdes praderas y volver a cerrarse entre tupidos bosques tapizados de los verdes más intensos. Árboles de formas singulares, cuyas alargadas ramas necesitan de ayuda para no quebrarse por su peso y todo tipo de fauna, un corzo que baja a abrevar, una serpiente cruzándose en nuestro camino, perdices que remontan el vuelo. lagartos y ranas y una fuente repleta de truchas.

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Tras siete kilómetros de ininterrumpida belleza, llegaremos hasta la Presa de Navarejos, que en realidad es un Azud.

Construido para sustituir la toma de agua que se efectuaba desde el embalse del Pontón de la Oliva al presentarse en este unas filtraciones que durante el estiaje hacían que el nivel del embalse descendiera por debajo de la solera del canal construido para el abastecimiento. Con ello consiguieron enviar agua hacia Madrid durante el estiaje, pero con el límite del caudal que llevaba el Lozoya. Con la construcción del Embalse de El Villar se consiguió almacenar agua en este embalse que podía ser enviada río abajo en los meses veraniegos, aunque el río llevara poca agua.

No obstante desde el inicio del funcionamiento de este azud se observó que algunos arroyos situados aguas arriba de él, en épocas de lluvias, enturbiaban el agua que venía desde El Villar. Además, los arrastres del río acumularon una elevada cantidad de materiales dentro del azud y aguas abajo que llegaron a dejar enterrado una gran parte del dique, obligando a frecuentes limpiezas para mantener operativa la captación.

Cuanrenta y cuatro años más tarde y dos kilómetros aguas arriba, donde el Lozoya delimita las fronteras de Guadalajara y Madrid, se construyó un nuevo Azud para paliar los problemas anteriormente mencionados. Se denominó Canal de la Parra y también quedaría en desuso tras la construcción del Canal de El Villar y del Embalse de El Atazar.

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A partir de aquí nos adentramos en el  inhóspito y abrupto paisaje de Castilla La Mancha. Los frondosos bosques de ribera y suaves praderas son sustituidos por afiladas pizarras y jaras que aún no han florecido, aunque si lo hicieron los piornos, moteando de intensos amarillos los bordes de una rampa de 200 metros y porcentajes del 30-40 %, que nos obliga, a pesar de los intentos de alguno, a poner pie a tierra.

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https://flic.kr/p/TDoqPs

Superado el repecho, disfrutaremos de las vistas que nos ofrece rodar por la crestería de estas montañas. Para llegar hasta Alpedrete de la Sierra, podemos tomar el GR-10 marcado en el track  o bien continuar por la pista que da un pequeño rodeo y llega al mismo punto evitándonos esfuerzos innecesarios. En su plaza repondremos agua de la fuente y recuperaremos energías a la sombra.

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A la salida del pueblo retomamos el GR-10, por camino a veces poco definido al principio entre praderías y  jaras, pero siempre con las vistas de la Sierra de Ayllón al frente.

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La subida es constante pero no fatigosa y se alterna con suaves lomas hasta la primera de las bajadas que termina en El Arroyo de Guijos cuyo cauce estaba seco y pasamos sin vadeo. Tras dos kilómetros de subida tomamos la sombreada Senda del Arroyo de la Vega que transcurre entre la arboleda y va elevándose a medida que la transitamos. Tras coronar, nos lanzamos en otra rápida bajada de dos kilómetros hasta alcanzar el Arroyo de La Huelga del Sestil.

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Nueva ascensión hasta coronar y nos lanzamos por una de las mejores trialeras del día hasta el pueblo deTortuero. Un kilómetro y medio de escalones, piedras y pasos complicadillos que nos dejarán cuádriceps y antebrazos ardiendo al llegar a la carretera.

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En la coqueta y tranquila aldea de Tortuero, en las faldas del Macizo de Ayllón, donde el tiempo parece que se ha detenido y todo se ha hecho viejo esperándote, buscamos y encontramos el bonito puente medieval en boca de asno, calzado por una columna de mampostería simple que es, como dice Andrés Campos, “una ñapa medieval que, lejos de restar, le añade encanto”. Rodeado de sauces y moreras, con su paso tapizado de césped, el puente salta sobre el arroyo cristalino. Inevitable fotografiar tan bucólico lugar.

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Deambulamos por las calles del pueblo mientras el olor de una enorme paella invade todo el caserío. Poco después encontramos la fuente que buscábamos, repleta de niños, de avispas y de truchas!!! Parece sacado de un libro de García Marquez, pero es así. En el pequeño pilón donde el caño vierte el chorro de agua, en lugar de los típicos renacuajos, hay truchas. Llenamos y vaciamos nuestros botes de agua en repetidas ocasiones, tenemos mucha sed.

El sol está en lo más alto y el calor aprieta, pero aún nos quedaba lo mejor del día por descubrir. El Cañón del Arroyo de la Concha o el Barranco de La Hoz. Son dos kilómetros bajando por un camino que se convierte en senda a media ladera, siguiendo el curso del cañón que ha oradado el Arroyo. Ojo a las piedras y a los cortados del camino. Hay un desnivel importante en caso de salirse de la trazada. Hasta mi cámara de fotos se emocionó y comenzó a sacar extrañas fotografías en blanco y negro, colores apagados, sepias, formatos cuadrados, veladuras….como si quisiera reflejar que el tiempo se detuvo en este cañón. Un caso más para Iker Jimenez.

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Tras los sifones del canal, nos aguarda una nueva subida de empuja-bike hasta llegar a la carretera GU-1065, desde donde enlazaremos con un nuevo sendero de bajada repleto de roderas y tierra suelta, el alto de las Hoces. Ojo a un cable eléctrico que cruza el camino. No tiene buena señalización y si bajas embalado no se ve hasta tenerlo delante de las narices. Muy peligroso. Lo pasamos sin incidentes y seguimos descendiendo hasta el Arroyo de la Vega, desde donde afrontamos una nueva subida de otra ladera antes de llegar a Valdepeñas de la Sierra.

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Ni un alma por la calle, excepto un lugareño durmiendo una siesta estrategicamente colocado, a la sombra del porche de su casa. Buscamos nuevamente la fuente del pueblo, nos refrescamos, y no sin  cierta galbana reiniciamos la ruta. Una pista amplia y fácil nos saca del pueblo a toda la velocidad. Se agradece el aire en la cara y en los brazos que tengo achicharrados a estas alturas del día. Hay que estar atentos, puesto que a 500 metros, hay que dejarlo y tomar un camino de tierra rojiza que desciende por la pronunciada ladera hasta el nuevo Arroyo de las Hoces y que una vez en el punto más bajo habrá que volver a subir por la Senda del Gato. Otro empujabike de 500 metros. Quizá la subida más dura del día por lo cerrada que estaba la maleza y el desnivel de algunos puntos, quizá las fuerzas nos iban abandonando, pero este tramo nos dejó suaves.

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Arriba el sendero ensancha algo y avanza entre monte de matorral, jaras y escobas. Seguimos ascendiendo 1,5 km por ella hasta Cerro Mingo Negro y en ese cruce vamos a la derecha por un camino pedregoso que se convierte después en un sendero estrecho y tupido. Ascendemos suavemente y breve bajada con algo de piedra hasta desviarnos a la derecha y toparnos de bruces con las ansiadas Cárcavas. No es la primera vez que las visitamos César y yo, pero siguen sorprendiéndonos. Para Mary si que es su primera visita y la acercamos hasta el borde con los ojos tapados. A nuestros pies se extiende un abismo erosionado de ilógica orografía.  Badlands, Hoodoos, Chimeneas de las Hadas  (pero sin remate en su extremo final),  afiladas crestas, profundos vallejos trufados de piedras,  paredes rojizas, enhiestos falos para la imaginación más calenturienta y agujas descarnadas.  Aguja del Diablo, hermana de Aguja del Enebro y Colmillo Blanco son las más famosas.  No creo que olvide ese momento.

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Tras un tiempo deleitándonos con este espectáculo de la naturaleza, decidimos bajar por la derecha de las Cárcavas hasta el Arroyo de La Lastra, acortando unos kilómetros el track a cambio de una pronunciada trialera que nos deposita junto a nuestro punto de inicio seis horas antes.

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Dos kilómetros antes de finalizar la ruta, se agotaron nuestras baterías de GPS  y móviles, por lo que el track quedó incompleto y aunque es muy sencillo de seguir, prefiero compartir el que creé a mano, que es el que seguimos nosotros y totalmente fiable.

Terminamos nuestra jornada en el restaurante junto al Pontón de la Oliva frente a las ansiadas y visualizadas cervezas frías.

Un rutón del copón muy recomendable.

El track en wikiloc:

https://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=17209934

Las fotos en Flickr:

https://www.flickr.com/gp/129018704@N02/zP9HD2

El vídeo de la ruta turística:

El vídeo sólo de las trialeras:

Saludos Bikernautas

Marter

2 Comments

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  1. Francisco Valiente 20 abril, 2017 — 7:25 pm

    Manolo esta ruta hay que repetirla ya mismo , no me puede gustar mas tiene de todo y bueno.Buena crónica y reportaje

    Me gusta

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