2017_07_15_Valdecebollas por El Camino de La Guerra

En esta ruta recorrimos la sierra de Híjar, divisoria de Cantabria y Castilla.
Por sus puertos y colladas pasaron gentes de los valles norteños, especialmente de Cabuérniga, camino de las tierras de Castilla tras el inicio de la Reconquista. Los reyes concedieron tierras a los pobladores que ocuparon la franja deshabitada del norte del Duero tras el retroceso musulmán hacia el sur. Conocidos en Cantabria como Foramontanos, algunos se establecieron cerca de estas cumbres, en su ladera sur. Un noble, Munio Núñez y su mujer Argilio, fundaron la villa de Brannia Ossaria, Brañosera, y posteriormente, el 13 de octubre del año 824, concedieron a sus súbditos los privilegios que recogía la Carta Puebla y que resultaría el auténtico germen de los actuales ayuntamientos.
Desde este pueblo, Brañosera, partimos por la carretera los ocho primeros kilómetros. Aunque existen varias opciones para llegar hasta la puerta metálica que da acceso a la pista,  preferimos ir calentando las piernas sin desfondarnos antes de tiempo, puesto que lo que nos esperaba tenía bastante enjundia.
En el Collado de Somahoz, tomamos la pista que tras 16 Km. de continuo ascenso nos acercará al llamado Torreón de Valdecebollas a 2.139m.
Esta pista, es ciclable en un 98% si exceptuamos la subida a Peña Astia que aunque puede hacerse bordeándola, nosotros tiramos por el camino del medio con el consiguiente atajo y porteo y también  el tramo de ascenso al Sestil Alto, donde será necesario echarse la bici a la espalda. Por lo demás su desnivel no es excesivamente elevado aunque si contínuo.
En Perros Laos encontramos el primero de los dos refugios de esta ruta, allí nos detuvimos a comer algo y admirar desde su privilegiada posición las primeras panorámicas del día. Llama la atención lo bien adecentados que se encuentran estos refugios. Se nota que a estas altitudes no llegan los domingueros con sus bolsas y botellas de plástico. Un ejemplo que demuestra que se puede disfrutar de la naturaleza sin dejar nuestros restos en ella.
Continuamos sin detenernos hasta la primera de las dos cuencas. En la Cuenca Vitor, vivimos uno de esos momentos inolvidables que te regalan las montañas. A lo lejos, divisamos un larguísima hilera de caballos bajando de las cumbres en dirección a sus invernales, que con seguridad nos los encontraríamos en el camino. Tras un recodo del camino, justo antes de dicha cuenca nos topamos de frente con los primeros ejemplares. Asustados trotaron ladera arriba mientras el resto se adentraba en este bonito glaciar.
Tras felicitarnos ante semejante espectáculo, proseguimos hasta alcanzar un cruce señalizado que nos indica La Cuenca Bucer a 2,6 km.  Esta cuenca es algo mayor que la anterior, y en ella encontramos el segundo de los refugios. Este contiene incluso colchones.
Al abandonar este refugio, tenemos unas fantásticas vistas de Pico Tres Mares y la Sierra del Cuchillón, donde estuvimos en una ocasión anterior ascendiendo a la Fuente del Chivo.

Reanudamos nuestro viaje mientras nos salen al encuentro tres grandes y ruidosos perros, protegidos por grandes collares de púas que nos da una idea de a qué tipo de enemigos han de enfrentarse para proteger al ganado. Afortunadamente tan solo ladran y nos dejan seguir nuestro camino. El Camino de la Guerra.

Un largo y rectilíneo camino a media ladera se divisa desde nuestra posición. Por toda la crestería de cumbres donde soplan todos los vientos, los frescos en verano y gélidos en invierno,  son todavía visibles los restos de construcciones, trincheras, muretes y casamatas -“racionalmente situadas y perfectamente construidas”- que formaron  la línea del frente -“que bien defendida, será inexpugnable”-  de la 54 División, al mando de Navamuel, y la División 56, al mando de Buzón, del XV y XVI Cuerpo de Ejército, respectivamente, que dirigía el General Gámir del Ejercito Popular Republicano. Para abastecer y equipar ese numeroso ejercito aquí apostado construyeron –o ampliaron- un camino que recorre la sierra por la ladera norte, protegido de la visión y el fuego enemigo, que hoy se conoce como “Camino de la Guerra” y proporciona un magnifico acceso para disfrutar de un recorrido por la Sierra de Híjar, sus espectaculares vistas sobre Castilla y Cantabria y, cómo no, recrearse en lo aquí descrito.

Fue exactamente aquí, en estas montañas, junto con la línea del frente de la Lora, que defendía el acceso a Santander por Reinosa, donde se desencadenó, el 14 de agosto de 1937, el ataque del General Dávila, del ejército sublevado, con la I, IV y V Brigada de Navarra y la II Brigada de Castilla al mando de Bastico, Ferrer y Solchaga, iniciándose la derrota del Ejercito del Norte y la posterior toma de la ciudad de  Santander.

 

En Peña Astia, nos asomamos al collado del Refugio del Golobar.  Desde aquí arriba se advierte el seductor Arroyo del Canal que me llevaría en una bajada muy endurera desde los 2.039m hasta Barruelo de Santullán a  1.060m pasando por Brañosera y la Senda Pedrosa. Otro día será. Hoy tocaba rematar el asalto al Torreón.

Último porteo hasta coronar el imposible Sestil Alto y por fin  llegamos a nuestro destino: El Torreón.

Desde la privilegiada atalaya encima de las praderías del Sel de la Fuente, obtendremos una inmejorable panorámica de las altas cumbres de la Montaña Palentina: Hacia el suroeste Peña Redonda (1996 m.) y la Sierra de Brezo y de la Peña. Hacia el oeste Curavacas (2524 m.),  Peña Prieta (2539 m.) y Espigüete (2451 m.). Al noroeste Picos de Europa. Frente a nosotros la Sierra de Peña Labra (2029 m.), con Tres Mares (2171 m.), el Cuchillón (2174 m.) y el Cueto Mañín (2122 m.), tras los que se está la estación de esquí de Alto Campoo y el valle de Suso, ya en Cantabria.
En el Torreón destacan varias cosas, en primer lugar un punto geodésico, un buzón, una gran cruz, un belén y varias placas, una del ayuntamiento de Brañosera, otra de un grupo de montañeros de Barruelo de Santullán y un par de placas más.
El regreso lo hicimos tomando la bajada en dirección a Pamporquero.  Mi GPS agotó su autonomía así que dejaré el enlace de Grillo, un user de Wikiloc de confianza.
Tras diez kilómetros de senderos, pistas y praderías, agotados y hambrientos, llegamos a Brañosera. Los amables dueños de un peculiar restaurante decorado al más puro estilo canadiense, llamado La Cueva del Coble, nos permitieron comer a pesar de tan intempestiva hora. Y qué rico estaba!
El track en Wikiloc:
Las fotos de Flickr:
El vídeo en Vimeo:
Saludos Bikernautas
Marter

2 Comments

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  1. Que buena crónica, se lee muy bien, te entretiene. El vídeo muy chulo, que vistas.
    Me encanta el restaurante😍
    Gracias por describir las rutas tan chulas que os hacéis. Así se pasa mejor el calor de Madrid😉
    Un abrazo y un beso
    Naty

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    • Gracias Naty. Esta es una de las rutas que más me han impresionado por las fantásticas vistas que se tiene de toda la Montaña Palentina y Picos de Europa. Te envío desde aquí un soplo de aire fresco para mitigar los calores de Madrid. Besos.

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